"Lo que daría por unos minutos de silencio. Añoro escenas antiguas y me gustaría tropezarme con esa "tertulia de los Parcos" que se reunía en Zúrich y de la que nos habló Walter Benjamin. Les llamaban parcos porque adoraban literalmente el silencio. Eran Arnold Böcklin, su hijo Carlo, y Gottfried Keller.
Un día estaban sentados en la terraza de su café preferido, en silencio, como de costumbre. Transcurrido un largo tiempo sin que se oyera palabra alguna, dijo el joven Carlo: "¡Vaya calor!".
Siguieron 15 minutos de silencio, hasta que intervino Böcklin padre: "No circula nada de aire". Keller esperó que pasaran unos minutos para ponerse en pie, indignado: "Me voy, no me siento bien entre charlatanes". (ENRIQUE VILA-MATAS: Calle de Ulan Bator. El País, 07/12/2010, p. 42)
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