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7/4/14

Científicos confirman que el ser humano es incapaz de darse de baja de Orange

"Tras efectuar varias pruebas con un grupo de clientes de la empresa de telefonía Orange que soñaban con cambiar de proveedor, científicos de la Universidad de Stanford han concluido que el cerebro humano es incapaz de gestionar con éxito los procesos necesarios para dejar de ser cliente de la compañía.

“La corteza prefrontal ventromedial de los voluntarios alcanzaba niveles de actividad tan altos que el sujeto acababa desmayándose mientras susurraba que era estúpido cambiar porque todas las compañías son iguales”, explica el doctor Jack Forrash. Este experto considera que “como mecanismo de defensa, el cerebro recurre a la resignación para conservar la integridad psíquica”.

Las compañías de telefonía móvil han diseñado “sistemas de domesticación de la voluntad” inspirados directamente “en el comportamiento de las suegras, como hicieron también los nazis o los americanos en Guantánamo”. 

Se trata de modelos de manipulación de la conducta basados en tres estrategias de ataque: la espera forzada, la ambigüedad comunicativa y la reiteración de procesos estériles.

“Te pasan de un departamento a otro y te obligan a repetir lo mismo una y otra vez a personas distintas, como en un interrogatorio militar. Esto fatiga al cerebro y anula su capacidad crítica. Luego, atacan con preguntas complejas y datos abrumadores que no tienen la más mínima importancia.

El cliente entonces suma la confusión al cansancio. Y cuando es incapaz de actuar por sí mismo, entonces se le pide precisamente que actúe, ya sea enviando un fax o buscando un número de referencia. Como no puede afrontar la situación, el cliente cuelga y se encierra en el baño a llorar”, explica Forrash.

La intención inicial de los neurólogos era empezar por Orange y seguir con el resto de compañías. Sin embargo, se ha tenido que interrumpir el proyecto por el estado en el que quedaban los participantes. 

“Admitimos que los voluntarios acaban con la corteza prefrontal ventromedial y con la dorsolateral más pochas que un calcetín mojado. Son incapaces de tomar decisiones y todo les parece bien. Supongo que se les pasará. Si quisieran nos podrían demandar por los daños provocados, pero dicen que ya está bien así, que no pasa nada”, explica el científico.

Seguir reclutando gente para que intente cambiar de compañía sería “un acto de crueldad que ni siquiera el avance científico justifica”.

Los investigadores están convencidos de que, si fuera necesario afrontar situaciones similares a darse de baja de Orange para obtener comida, el ser humano no habría podido sobrevivir como especie."            ( , El Mundo Today, el 4 de abril, 2014)

23/12/09

Denuncia ante la Guardia Civil un concierto de jazz... por daños al oído y a los nervios...

"Rafael Gilbert, el hombre que el pasado 7 de diciembre denunció un concierto de jazz por no ser de jazz y al que el músico estadounidense Wynton Marsalis busca para agradecerle el gesto con toda su dicocografía firmada, explicó ayer los motivos que le impusaron a abandonar, junto a su mujer y su suegra, el recinto del Festival de Jazz de Sigüenza para elevar su queja a la Guardia Civil local.

El suceso, que recogió El País al día siguiente, dió la vuelta al mundo hasta llegar a los oídos de Wynton Marsalis, el hombre más poderoso del jazz mundial.

Gilbert, de 42 años y asesor técnico mecánico, es aficionado al jazz sobre todo desde que su mujer empezó a tocar el saxofón ("el primero se lo regalé hace ocho años, es autodidacta pero ahora está en la Big Band de Móstoles"). Juntos procuran ir a todos los conciertos de jazz que pueden y así el lunes 7 de diciembre aprovecharon una visita a Sigüenza para escuchar el recital de Larry Ochs.

"Decidimos quedarnos para escucharle. Pero a los 10 minutos de empezar yo empecé a ponerme nervioso, muy nervioso. El free jazz es una música que si no te avisan puede irritarte mucho, te pone mal cuerpo. Como no podía más me levanté y me fui a reclamar el dinero de la entrada. Ahí empezaron los problemas. Se rieron de nosotros y no nos dieron la hoja de reclamaciones. Entonces fuimos a la Guardia Civil". (...)

"Me sentí estafado. Con todo el respeto por los músicos, pero me hicieron daño al oído y a los nervios. Yo lo que reclamo es que en los carteles aclaren si es jazz o no, y ya está. Es como si vas a ver una película de Tarzán y te ponen una de King Kong". (El País, ed. Galicia, cultura, 22/12/2009, p. 48)