"Están reunidas aquí la maestría para crear personajes de Yolanda Ramos, el tono reivindicativo de Henar Álvarez, el manejo de la nostalgia y el absurdo de Lala Chus, la mirada aguda sobre lo cotidiano de Asaari Bibang, la torpeza fingida de Patricia Espejo o la capacidad mimética de guionista de Pilar de Francisco. Estas
creadoras no tienen nada que ver entre sí, pero desde una óptica
simplista, poco revisada, perezosa pero aún muy vigente se las sigue
incluyendo en la categoría de comedia femenina.
Asaari
hace chistes sobre ser autónoma en escenarios; Henar Álvarez, semblanzas
cómicas de Emilia Pardo Bazán en la radio, y Lala Chus, coreografías
sobre sintonías de series de animación de los noventa. ¿Cuáles son
entonces las características comunes al humor femenino que sus críticos
parecen tener tan claras? Comparten, eso sí, su condición de mujeres y
sus años de servicio al noble arte de hacer reír, saben que su oficio
nace de las vivencias personales y saben demasiado bien que las
vivencias de las mujeres se han colocado en un plano secundario como si
fueran menos humanas que las de los hombres. Como si sus voces fueran
siempre femeninas, nunca universales.
No son novatas, lo
que hacen no es nicho, no quieren ser una categoría, sino estar
plenamente incorporadas a la comedia con mayúsculas, que estaba coja sin
ellas. El humor, no femenino, sino hecho por mujeres, vive un momento dorado;
la misma rebeldía que en algunas épocas las penalizó, ahora las acerca a
un público diverso, masivo, sediento de voces en las que se siente
reconocido. El mismo inconformismo que le ganó la fama de improvisadora y
problemática a la actriz Yolanda Ramos, por fin se entiende como
brillantez, como golpe de genio que hay que aprovechar para mejorar el
producto final.
Si Yolanda Ramos (Cerdanyola del Vallès, 52 años)
improvisa sobre un guion, mejor para el guion. “Yo he sido muy criticada
incluso por compañeros y compañeras, la rebeldía en muchas épocas ha
venido mal. Cuando he visto algo, un guion o un show que mi intuición
rechazaba, me he negado a hacerlo, entonces he tenido problemas. Se
corrió la voz de que no me sabía los guiones, cuando lo que pasaba es
que algunos eran infumables. Ha venido una hornada de gente joven que
aprovecha a la actriz que sabe improvisar”.
Ramos
habla de una responsabilidad artística a la hora de crear
entretenimiento, un legado que “alimente al alma” y del que nos
deberíamos preocupar como nos preocupamos de dejarles un planeta
habitable a las generaciones venideras. “Ahí sí es importante que no
estén las mismas voces de siempre, que el arte nazca de un sitio real,
no de las decisiones de un señor que tiene pasta y se está fumando un
puro y te contrata para hacer una mierda”.
No se refiere a
un ambiente ni una sensación subjetiva, sino una realidad muy tangible
común a distintas ramas del sector que la monologuista Patricia Espejo
(Valencia, 38 años) conoce muy bien. “No la quise liar porque era nueva,
pero en un micro abierto me han llegado a decir que los tíos tenían
cinco minutos para probar su texto y la otra cómica, Silvia Sparks, y
yo, tres”, cuenta. Con años de experiencia en el mundo del stand up a
sus espaldas, relata escenas duras e interesantísimas para el análisis
de cómo funciona este mundo para las mujeres.
“En una ocasión, había un
matrimonio mayor entre el público; ella lloraba de risa y él se iba
cabreando cada vez más, hasta que se levantó y me gritó: ‘Eso que estás
diciendo es una mierda’. Nadie contestó, así que yo dejé el micrófono y
me bajé del escenario. Lo que le molestaba no era lo que estaba
diciendo, sino que su pareja se estaba riendo”, interpreta Espejo sobre
la identificación del público.
En su monólogo en los últimos Premios Feroz, Asaari (Guinea,
34 años), que también es actriz, dijo que lo más cerca que había estado
de que no le ofrecieran un papel de prostituta fue aquella vez en la
que le ofrecieron un papel de exprostituta, “y la peli tenía muchos
flashbacks”.
Es un chiste sobre una mujer joven y racializada que se
desenvuelve en el mundo de la interpretación y solo funciona si lo hace
alguien que podría vivirlo. Sin Asaari Bibang en un escenario micrófono
en mano no existiría ese chiste. “Sería absurdo no aprovechar la
oportunidad de acercar ese punto de vista que por el momento nadie más
en el circuito puede aportar”. El humor que traen a la escena es
distinto en la medida en que sus vivencias son distintas.
Para la locutora, guionista y presentadora Henar Álvarez
(Madrid, 37 años), este es un asunto central. “Un granjero de Alabama
también hablará de cosas diferentes que un ejecutivo de Londres. Cuando
nos dicen que los chistes son solo chistes nos están tomando el pelo. Un
monólogo es como una homilía, como cualquier discurso público. Coges un
micrófono y cuentas tu punto de vista de la vida. ¿Cómo no va a tener
ese acto un componente político?”.
El don de la
oportunidad. Las cómicas encaran con más desidia que indignación las
declaraciones vertidas el pasado 22 de junio por los gestores del local de comedia madrileño La Chocita del Loro sobre la falta de talento, preparación y éxito de las humoristas en España que han levantado reacciones y revuelo mediático. Bibang
—que interpretará su monólogo Humor negra desde el 20 de agosto hasta
el 26 de noviembre en el madrileño Palacio de la Prensa— dice que el
público es soberano y que no se le ocurre peor momento que el actual
para decir que las cómicas venden menos.
“Ya había
cómicas que vendían muchísimo: Martita de Graná (tiene casi millón y
medio de seguidores en Instagram y es la artista española que más
entradas por minuto vende: 2.500) lo revienta en teatros; Inés Hernand
(con su espectáculo Ni puta gracia ha despachado 8.500 entradas en plena
pandemia), también; las creadoras de Estirando el chicle hacen el
podcast más escuchado, y las que no tenían ese empuje lo están teniendo
ahora”, cuenta.
Estirando el chicle, el podcast de humor de Carolina
Iglesias y Victoria Martín que comenzó como un contenido autoproducido
de dos cómicas con amplia experiencia —Iglesias en redes y Martín,
además, como guionista—, domina los rankings de los más escuchados con
700.000 espectadores entre plataformas de audio y vídeo y más de dos
millones de reproducciones.
“Creemos que ha triunfado por la necesidad
del público de acceder a otros discursos distintos. Nosotras llevamos
años currando sin parar y autoproduciéndonos casi todos nuestros
proyectos, un pico pala constante fruto del trabajo duro. Cada vez somos
más y creo que entre todas vamos a comernos la industria. Pero siguen
haciendo falta más y más programas, más series, más formatos, hay que
invadirlo todo”, dicen las autoras de Estirando el chicle.
No
solo es un público masivo, sino más rico, diverso y que no se sentía
interpelado por la comedia tradicional, según Asaari Bibang: “Tengo una
conciencia muy clara de mi racialidad y de mi género, pero también hago
chistes sobre lo que me jode hacer una cola. Todo el mundo puede
empatizar con mi comedia. Va siendo hora de que no solo se cuente con
nosotros cuando se hable de temas de racismo, sino como parte de la
sociedad”.
Esta reflexión es extrapolable a los discursos
que reducen cualquier producto cultural o de entretenimiento hecho por
mujeres a una categoría propia y menor. Con cifras como las de Estirando el chicle o Martita de Graná cabe
preguntarse si no persiste la mentalidad rancia de que, si el público
es mayoritariamente femenino, por muy masivo que sea, el contenido se
sigue considerando nicho por parte de quienes toman las decisiones. “He
sido testigo de cómo en radio y televisión se evita que coincidamos tres
mujeres por miedo a que el público piense que el contenido es solo para
mujeres. Esto sigue pasando”, cuenta la guionista Pilar de Francisco.
Ella ha escrito mucho más para cómicos, “que son los que presentan
programas”, que para cómicas a lo largo de su extensa carrera en
televisión. “Se habla de comedia femenina despectivamente, la siguen
considerando un género aparte dirigido solo a público femenino. Me han
llegado a decir: ‘Me gusta tu trabajo porque escribes como un hombre’.
Lo peor era que yo lo recibía como un halago”, añade.
De
Francisco menciona una experiencia también compartida por sus
compañeras, la de hacer un constante trabajo de revisión de sí mismas y
su labor desconocida para sus compañeros hombres. “Hubo un cambio de
inercia en 2018, antes tenías la sensación de que te estaban haciendo un
favor. Tenías menos acceso a pruebas de guion, no te encargaban las
piezas principales, no estabas en ciertos grupos de WhatsApp o
reuniones, y nos costó darnos cuenta de que no era un problema
individual, sino sistémico. Ahora la coordinadora de guion de Late Motiv
es Laura Márquez, hace tres años era rarísimo ver coordinadoras de
guion”. Estos cambios calan en la realidad cotidiana según la guionista.
“Si la regla no se verbaliza en un escenario, seguiremos pidiendo una
compresa como si fuéramos espías rusas”.
Un
frente común. Laura Yustres, más conocida como Lala Chus (Madrid, 32
años), es consciente de que se ha saltado muchas de las jerarquías e
intermediarios del sector, en parte por su juventud y en parte porque su
medio es internet. “Nos ganamos la vida con la libertad que dan las
redes y la gestión directa sin pasar por altas esferas con mentalidades
antiguas”, explica. Ha sido cuando ha entrado en estructuras de equipo
cuando se ha encontrado con guiones con el tipo de chistes que ella
nunca escribiría.
“Me ha pasado con guionistas hombres que me llegue una
entrevista a una celebrity con una pregunta sobre si limpia ella su
casa o ‘tiene señora de la limpieza’. Cuando se lo haces notar, te dan
la razón, pero no han hecho una revisión que tú sí”. Por edad, algunas
de las presentes en el reportaje han sido también sus referentes y luego
han llegado a colaborar con ellas. “Hay conciencia de comunidad, es lo
más bonito de esta profesión”, comenta.
“Éramos tan pocas
que cuando nos encontrábamos dos en la misma noche en un bolo nos
abrazábamos. Nos alegrábamos, como dos linces que se saludan en plan:
‘Ey, no te han atropellado, a mí tampoco”, dice Pilar de Francisco. La
guionista habla de que la competencia estaba muy extendida porque
dominaba el relato de que solo podía haber una en cada espacio.
Esa
óptica ha cambiado y existe un esfuerzo generalizado y colectivo para
crear escena y servir de contrapeso a la idea de que dos mujeres en
cualquier contexto ya son demasiadas. “Nos hemos juntado en Calladitas estáis más guapas,
en Riot Comedy, en Ladies Night”, Asaari Bibang enumera espacios de
comedia hecha por mujeres, a menudo autoproducida. “Vamos las unas a los
programas de las otras para dar a conocer a otras compañeras a nuestro
público que está sediento de eso, se está generando una red”, apunta
Henar Álvarez.
El fin de las potencias. Para hablar de
las personas y las estructuras que han dominado el discurso y han
obstaculizado el desarrollo de cualquiera que no se adaptara a sus
reglas, sobre todo las mujeres, Yolanda Ramos dice la palabra
“potencias”, son quienes han estado a gusto mientras no se les llamaba
la atención. “Nosotras hemos tenido que sobrevivir escondiendo cosas que
ellos han vivido abiertamente, tienen más costumbre de dejarse al
descubierto”. A ella no le interesa señalar a los hombres, sino llegar
al alma del público y crear arte: “Arte como excitador de cualquier
sentido del ser humano: la risa, la compasión o el asco”.
Es
consciente del valor de su oficio. Una mirada que comparten sus
compañeras. “El humor es una herramienta poderosísima para generar
simpatía, conseguir cosas, para modelar conciencias y transmitir ideas;
por eso se repite que las mujeres no tenemos gracia. Pero esta mentira
repetida mil veces es insostenible, con los medios que existen hoy en
día esas barreras se han roto”, dice Henar Álvarez. “La comedia es poder,
tienes el micro, es un territorio muy goloso.
Les cuesta cederlo”,
añade Pilar de Francisco. No hablan solo de poder simbólico ni de
dominio del discurso, sino de asuntos muy materiales. “Al reírte abres
tu alma, en ese momento te pueden meter en la cabeza lo que quieran”,
comenta Patricia Espejo, “cuando las mujeres toman ese espacio, algunos
creen que se les arrebata algo que es suyo. Creen que los puestos y el
dinero son suyos por derecho propio y se lo reparten entre colegas”.
No
hemos venido aquí a hablar de comedia femenina, sino de mujeres que
hacen comedia dentro de un sistema lleno de prejuicios y viejas
complicidades que no les permite moverse con comodidad. Las cómicas han
venido a enriquecer un panorama incompleto, quizá el lugar de análisis
no deba estar alrededor de esa supuesta comedia femenina, sino de una
comedia masculinizada que ha dominado durante décadas.
“Al
mundo, las mujeres les gustan serias y constreñidas; por eso las
actrices dramáticas son actrices y las actrices con bis cómicas somos
cómicas o incluso humoristas, que a mucha honra, pero es una categoría
incompleta”, remata Yolanda Ramos. “No se acepta la dignidad de la mujer
irreverente. Si no hubiera sido porque se empieza a escuchar a públicos
a los que antes no se escuchaba, yo seguiría siendo una loca que se
inventa los guiones”.
Pilar de Francisco
Verlo todo, reírse de mucho.
Como
guionista empezó en Torres y Reyes (La2). Más tarde trabajó en Yu: no
te pierdas nada (Los40) y Likes (Movistar). También escribió en una gala
de los Goya, “la de Rosalía”, puntualiza. En este momento es una de las
guionistas de Late Motiv y colabora en La ventana de la Cadena SER. Se
ha encontrado con casi de todo y por eso no le sorprenden los
comentarios machistas. “Me han dicho en la cara que las mujeres no somos
graciosas porque no lo necesitamos para ligar. Yo actué en La Chocita
del Loro porque tenía un acuerdo con mi canal, pero sé que, si eras una
mujer, ni te cogían el DVD, te decían que una vez programaron una cómica
y no funcionó”.
Lala Chus
En Twitter es igual de graciosa.
“En
los monólogos los bloques temáticos están cerrados, en internet el
lenguaje es distinto”, explica Laura Yustres. En redes se inventa sobre
la marcha y quien lo sabe manejar recibe atención de manera inmediata.
Lala Chus crea sus vídeos en TikTok, prueba si son populares en Twitter y
genera comunidad en Instagram. El éxito le pilló por sorpresa
trabajando de recepcionista en una constructora. Su público es milenial,
amantes de la risa fácil, pero conscientes del mundo en el que viven.
“Yo me reviso mucho, soy mi mayor hater. Veo a gente que llena el Teatro
de La Latina y lleva haciendo el mismo monólogo 10 años. Yo no reciclo
cosas que ya he dicho en redes”.
Asaari Bibang
Empatía y desmitificación.
Trabajaba
como bailarina cuando la escritora Lilián Pallares organizó un concurso
de comedia y la invitó. Quedó finalista. Su comedia y su hijo tienen la
misma edad: cinco años. “El poco filtro que tenía lo perdí con el
embarazo, escribí un monólogo desmitificando la gestación y la
maternidad que tuvo mucho éxito”. Acaba de publicar su primer libro, Y a
pesar de todo, aquí estoy (Bruguera), una autoficción en la que relata
su camino desde la infancia en Guinea. Define su comedia como
anecdótica, costumbrista y abierta a que todo tipo de público se
identifique. “El humor crea un espacio de confianza. El reproche se
puede convertir en confidencia”.
Patricia Espejo
Teoría y práctica de la evolución.
Lleva
más de 10 años sobre los escenarios. Ella y su compañera en Las putas
amas (de casa), Patricia Sornosa, son referentes para las más jóvenes.
Cuando Espejo escuchó a Sornosa, con un tono feminista, por primera vez,
cambió su manera de enfrentarse a la realidad y a su trabajo. “Tenía
normalizadas cosas que no me iban bien. Tenía monólogos muy machistas
que me hacen pasar vergüenza ahora”. Ganó el Premio Ópera y con el
tiempo fueron llegando trabajos de guion y monólogos. “Cuando me dicen
que hablo de ‘cosas de mujer’ contesto que perdonen ustedes por no ser
un ornitorrinco”.
Henar Álvarez
El chiste es el mensaje.
Colabora
en Està passant, en TV3; Buenismo bien y A vivir, en la Cadena SER;
Poca broma, en Radio Nacional, y Estirando el chicle. Nacida y criada en
Aluche, “de clase obrera a muerte”, llegó a la comedia siguiendo su
pasión por el cine. Con su blog La culpa es del script ganó el Premio
Bitácoras en 2014. Su carrera dio un giro cuando empezó a presentar el
programa Días de cine. Desde el altavoz que le da Buenismo bien, se ha
convertido en una generadora de contenidos virales en los que siempre
trata de trascender el chiste. El año pasado publicó la novela gráfica
La mala leche (Planeta), con ilustraciones de Ana Müshell y
protagonizada por su alter ego, Nani.
Yolanda Ramos
Quien ríe primero, ríe más tiempo.
Empezó
como vedette en El Molino de Barcelona. El viaje ha sido muy largo
desde entonces hasta este momento en el que cuenta con dos Biznagas en
el Festival de Málaga, un Premio Feroz y una nominación al Goya a la
mejor actriz revelación por Carmina y amén. Ganó popularidad con sus
imitaciones en el programa Homo Zapping. Casi 20 años de profesión
después, Ramos ha conectado de lleno con el público joven a través del
personaje de Noemí Argüelles en Paquita Salas. Encaja con una nueva
escena que tiene muy localizada: “Es el público LGTBI; cuando se les
empezó a dejar en paz y a escuchar a la hora de crear, nos salvaron a un
grupo de gente”. (Nérea Pérez de las Heras, El País Semanal, 08/08/21)