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5/9/22

Varios ayuntamientos cántabros obligan a sus habitantes a dejar de realizar prácticas tradicionales como el abono o el uso de cencerros de las vacas por denuncias de turistas o visitantes a los que incomodaban estos hábitos

 "Turistas que buscan el contacto con el medio rural pero a los que no parece emocionarles la realidad de la vida en el campo. Así se podría resumir un tipo de visitante que acude a Cantabria, ya sea de forma esporádica o bien con segunda residencia, y que trata de modificar las costumbres locales que consideran molestas para sus vacaciones. Esto, lejos de considerarse algo residual, ha tenido varias manifestaciones en los últimos años en una comunidad acostumbrada a tratar con un turismo cada vez más numeroso en la temporada estival.  

La última evidencia de estas discrepancias ha ocurrido recientemente en Herrera de Ibio, donde la propietaria de una casa rural reclamó al párroco de la localidad que la iglesia del pueblo retirase las campanadas entre las 23.00 y las 08.00 horas para que sus huéspedes no tuviesen que soportar los ruidos. Después de tres semanas con las campanas silenciadas y una batalla pública de la que se hicieron eco ampliamente las redes sociales, los vecinos consiguieron recuperar un sonido que, lejos del sentido religioso, para ellos suponía una costumbre más.

Pero echando la vista atrás, las polémicas se han multiplicado a lo largo de los últimos años aunque en todos estos casos no se ha terminado volviendo al estado original sino que la fuerza de voluntad de estos visitantes ha logrado que los propios ayuntamientos establezcan sus deseos como nuevas normas en el municipio.

Una de las primeras localidades dispuestas a cambiar su forma de vida fue Bareyo, que en 2014 implantó la obligación a los ganaderos de no verter estiércol en sus fincas entre el 1 de julio y el 31 de agosto con la única justificación de que se estaba en “época estival”. A pesar de las críticas no hubo cambios y, de hecho, otros ayuntamientos como el de Ruiloba decidieron replicarlo en 2021 aunque esta vez no a través del bando municipal, sino con una ordenanza en la que, según la concejala no adscrita de Ciudadanos en el municipio, Mar Bielva, se prohibía abonar en tiempo de sequía “para evitar los malos olores derivados de la actividad ganadera”.

Y cerca de Ruiloba, en Comillas, la Junta de Gobierno Local decidió en 2019 “prohibir los cencerros de las vacas” en el barrio Estrada debido a las molestias que estos causaban a los vecinos, quienes defendieron que “los cencerros tienen sentido en el monte o en el campo, pero no en una zona urbana con viviendas próximas”. Comillas es uno de los municipios de Cantabria con más turismo y, sobre todo, uno de los que posee más turismo de segunda residencia. De hecho, el barrio Estrada es el preferido por los madrileños, tanto es así que allí tienen su propio club privado donde se dan cita grandes empresarios del IBEX o líderes políticos de ámbito nacional que veranean en la zona como Iván Espinosa de los Monteros o Rocío Monasterio.

Precisamente, hace unos días la Policía Local de Comillas hacía una publicación en su Facebook tras recibir quejas de turistas indicándoles que “no perdiesen el tiempo” en llamarles “quejándose de ruidos u olores derivados de estas actividades”: “No vamos a hacer nada en absoluto”, rezaban en el comunicado alegando su apoyo “total” a estos sectores y recordando que estas 'molestias' forman parte “del encanto de esta tierra”. En cambio, esta no suele ser una posición habitual por parte de los consistorios, que tienden a preferir quedarse al margen de polémicas.

Por ejemplo, el municipio de Soba implantó en 2018 la prohibición de dejar ganado suelto por el monte. La razón por la que se tomó esta decisión fue la denuncia presentada por una familia que se encontraba realizando la ruta de la Cascada del Asón y que acudió al Ayuntamiento a quejarse. El resultado fue la obligatoriedad de no dejar animales sueltos “en vías públicas” desde ese momento.

Además, y dejando de lado a los animales, el Ayuntamiento de Miengo implementó una norma hace dos años que tuvo repercusión en las redes sociales, y es que el carril bici del municipio podía pasar a utilizarse como aparcamiento entre el 15 de junio y el 15 de septiembre. Otra queja recurrente de la que se hizo eco la web 'Postureo Cántabro' es la de la ropa tendida en casas que los turistas consideran 'fotografiables'. Así, desde este portal ponían de ejemplo Bárcena Mayor, donde las casonas montañesas inundan cada rincón del pueblo y donde viven personas que necesitan poner su ropa a secar, aunque convierta la postal en menos 'instagrameable'.

En otros territorios también han ocurrido anécdotas similares como el caso de Asturias, donde un hotel rural trató de cerrar un gallinero por molestar el canto de los gallos a sus turistas. Sin embargo, el caso de Cantabria resulta especialmente llamativo porque la comunidad, además de recibir visitantes e incluso cambiar costumbres por ellos, cuenta con fiestas “del turista” como la que se ha celebrado en Puente Viesgo en los últimos días y que ya lleva varias ediciones."                (Blanca Sáiz, eldiario.es, 21/08/22)

28/1/22

Casado asegura que en León bebían vino porque "no había agua potable"... "¿También criaban a las ovejas con vino?"... “Ciertamente es difícil distinguir cuándo está Casado dando un sermón a unas ovejas y cuándo está de reunión con la junta directiva del PP. La frontera entre un balido y un bostezo es tan sutil”

 "Pablo Casado ha vuelto a meter la pata con una de sus declaraciones en la precampaña electoral en Castilla y León y, durante su visita a una quesería y una explotación ganadera de León ha defendido, en dos ocasiones, que "no hace mucho tiempo" se bebía vino porque "no había agua potable".

"Hay gente que se extrañaba, y yo he explicado la historia del vino en los Oteros. Una historia que no es de hace 200 años, mi padre vive y está en forma y me lo ha contado. En estas comarcas de León, y en otras de España, no hace tanto tiempo se tenía que beber vino porque no había agua potable", ha señalado el líder del Partido Popular.

 Casado también defendió que además de beber vino porque no había agua potable, también "se desayunaba sopa de ajo porque no se recomendaba beber agua sin cocer". Algo con lo que el presidente del PP ha tratado de terminar mandando un mensaje a "los que están en Madrid": "Vienen de visita sin pisar demasiado el estiércol, lo ridiculizan". (...)

 Unas declaraciones con las que Pablo Casado ha llenado las redes sociales de muchas críticas. Algunas personas le reprochan que cuando no tiene nada que decir, "solo dice chorradas" y otros bromean con la posibilidad de que en esas granjas "¿también criaban a las ovejas con vino?".

 “Ciertamente es difícil distinguir cuándo está Casado dando un sermón a unas ovejas y cuándo está de reunión con la junta directiva del PP. La frontera entre un balido y un bostezo es tan sutil”, ha señalado otra persona tras las palabras del dirigente popular.

Una línea muy similar a la del mensaje del Secretario LGTBI del PSOE, Santi Rivero, quién ha invitado a Pablo a Casado a dejar “de hacer el ridículo y por extensión de ridiculizar a la gente de campo”: “No tienes que hacerte pasar por ganadero para que te conté un ganadero. Tienes que entender sus problemas y plantear soluciones. En eso consiste la política”. (...)"            (El Plural, 28/01/22)

 

 

 

 

 

26/10/21

Unha xuíza de Marbella retíralle a custodia do fillo a unha muller por vivir na "Galiza profunda"... ou sexa, rodeada de trogloditas, non como o pai en Marbella, rodeado de narcos

 "Unha xuíza de Marbella retiroulle a custodia do seu fillo dun ano a unha muller porque vive “na Galiza profunda”, onde segundo o seu criterio, non existen "múltiplas posibilidades para o adecuado desenvolvemento da personalidade dun neno e para que medre nun ambiente feliz".

25/2/21

Los consumidores, horrorizados al saber que la leche de vaca se saca de las vacas... “¿Cómo que secreciones mamarias? ¿Me estás diciendo que la leche de vaca se llama así porque literalmente se saca de las vacas? Pero qué puto horror”, comentaba en las redes sociales un consumidor que no ha tardado “ni dos segundos” en pasarse a la leche de avena

 "El lobby del sector lácteo sigue presionando a Europa para que prohíba recurrir a conceptos tradicionalmente asociados a la leche de vaca al anunciar productos que no proceden “de la secreción mamaria”, es decir, bebidas de origen vegetal, tartas, helados o yogures veganos, entre otros. 

Esta campaña, que plantea incluso prohibir que estos productos se envasen en ‘bricks’ de cartón, ha provocado un efecto imprevisto: los consumidores se han enterado ahora de que la leche tradicional es un líquido que se extrae del interior de las vacas, un detalle que, en general, ha despertado “asco y horror”.

“¿Cómo que secreciones mamarias? ¿Me estás diciendo que la leche de vaca se llama así porque literalmente se saca de las vacas? Pero qué puto horror”, comentaba en las redes sociales un consumidor que no ha tardado “ni dos segundos” en deshacerse de sus bricks de leche de vaca para pasarse a la leche de avena. 

“Estoy de acuerdo en que es fundamental que la leche vegetal no se confunda con la de vaca ahora que sé que la de vaca es de vaca de verdad”, agregaba este tuitero.

“Toda la vida creyendo que lo de las vacas era un reclamo publicitario, como los tigres de los cereales… porque los cereales no se sacan de los tigres, las ranas y los monos, ¿verdad?”, preguntan ahora con miedo algunos consumidores. 

En España, desde que se ha descubierto que la leche de vaca proviene literalmente de las vacas, las ventas de la leche de avena Oatly se han disparado, y la propia Real Academia Española se está planteando modificar la definición de “leche” en el diccionario para sustituirla por la frase “bebida de origen vegetal, principalmente avena, y no es otra cosa loca que estábamos bebiendo hasta ahora y que mira, prefiero no pensar en ello porque me da algo”.      (El Mundo today)

20/4/20

Salen flores entre las baldosas del paseo de Gracia. Deambulan los jabalíes por las calles vacías de la zona alta de Barcelona. Han sido vistos en Sitges unos delfines.... en cuanto salgamos a la calle, se van a enterar las flores, los jabalíes y los delfines de quién manda aquí... Yo, si fuera delfín, ya empezaría a alejarme de la costa. Por si acaso.

"Salen flores entre las baldosas del paseo de Gracia. Deambulan los jabalíes por las calles vacías de la zona alta de Barcelona. Han sido vistos en Sitges unos delfines. Cuando sales al balcón a las ocho de la tarde para aplaudir a los sanitarios, notas que el aire está más limpio…Si es cierto lo de que no hay mal que por bien no venga, habrá que reconocer que la naturaleza está aprovechando el respiro que le damos para autorregularse (y sin dejar de pensar exclusivamente en sí misma, que es su única seña de identidad, según Schopenhauer). 

Cuando nos dejen salir a la calle, nos vamos a encontrar, como dirían María Jiménez y el Lichis, un mundo más amable, más humano, menos raro. Según los optimistas, eso nos obligará a adoptar un propósito de enmienda en nuestra relación con el mundo exterior (ya saben, la bienintencionada teoría de que saldremos de ésta reforzados y mejores).

 Según los pesimistas (y los fatalistas como yo, que sienten compasión por los optimistas y asco por los cenizos), en cuanto salgamos a la calle, se van a enterar las flores, los jabalíes y los delfines de quién manda aquí, pues nos podrá el apetito (de destrucción) y nos pondremos a recuperar el tiempo perdido a una velocidad de vértigo.


Durante este encierro, ya se ven señales de que no todo el mundo está dispuesto a ser mejor de lo que era antes. Nuestros políticos siguen a la greña y los que ocupan el poder desprecian a la oposición y la oposición aprovecha todas las meteduras de pata del gobierno --desorganización general, compra de mascarillas chungas, conatos de silenciar a los discrepantes-- para reunir material dañino con el que poder ganar las próximas elecciones: no le deja pasar ni una, sin descuidar el sutil subtexto de que todo habría ido mejor si ellos hubiesen estado al mando de la nave.


Sánchez y los suyos hacen lo que pueden, dentro de sus limitaciones y de las de su socio de gobierno, que son muchas y notables. Casado solo piensa en desatornillarlo del sillón como sea para sentarse en él por el bien de España (o sea, de la parte de España que piensa como él). 

Desde la periferia, Quim Torra aprovecha la ocasión para insistir en que la independencia es más necesaria que nunca y asegurar que su, digamos, gobierno lo hace mucho mejor que el de la nación: ¡si hasta ha dado con una manera de contar los muertos de coronavirus que da sopas con onda a la de la OMS! ¡Ya tardan el gobierno español, la Unión Europea y la Organización Mundial de la Salud en rendirse a la inteligencia superior de Oriol Mitjà! Tengo la impresión de que, con toda esta gente, no vamos a salir de la crisis mejor de lo que éramos.


Por su parte, el confinado medio hace lo que puede. Básicamente, comer y beber, como se deduce del auge experimentado por los fabricantes de harina, levadura y bebidas alcohólicas (hasta hay un meme de James Bond con un paquete de levadura Royal en la mano, saliendo de un supermercado, que anuncia la supuesta película CASI NO HAY ROYAL). 

Mientras unos hacen pan y pasteles, otros se dedican a pimplar, dos actividades igualmente dignas y lógicas. Pero también hay gente que imita a nuestros políticos e intenta envenenar el ambiente: desde el que ensucia el coche de una ginecóloga con la frase Rata contagiosa hasta el que aprovecha el descontrol para no recoger las mierdas del perro, pasando por el que da un recital que nadie le ha pedido desde su balcón aprovechando que tiene un público cautivo del que puede abusar en aras de una solidaridad que no se ve por ninguna parte.


De una manera u otra, todos nos estamos retratando en la actual coyuntura: es lo que tienen las situaciones límite. Unos aprenderán algo de lo que nos está ocurriendo; otros reemprenderán su trayectoria vital y mental exactamente donde la dejaron. Adivinen cual de estos dos colectivos será el más numeroso. Yo, si fuera delfín, ya empezaría a alejarme de la costa. Por si acaso."                  (Ramón de España, Crónica global, 19/04/20)

16/3/12

Este año vamos a plantar patatas”, dijo mi mujer un día en casa, y a mi me pareció una buena idea...

“Este año vamos a plantar patatas”, dijo mi mujer un día en casa, y a mi me pareció una buena idea.
“Me parece una buena idea”, dije, porque yo siempre digo lo que pienso. Y seguí filtrando mis mapas de satélite de salinidad de la superficie del mar como si tal cosa.

 Hace tiempo que a mi mujer le ronda por la cabeza hacer algo con el huerto que tiene su familia en un pueblo cercano a nuestra casa; ya saben que las mujeres tienen un espíritu mucho más práctico que los hombres con esto del peak oil y el final de la civilización y del chocolate, y mientras yo me dedico a ir por esos pueblos de Dios dando charlas, “a salvar el mundo”, como dice ella, ella se dedica a pensar cómo podemos hacer para salvar nuestra familia. 

El caso es que yo racionalmente apoyo tales iniciativas, pero no había dado ningún paso para llevarlas a la práctica. Hasta este fin de semana.
 
Algo tenía que haberme olido, de que esta vez iba en serio, cuando hace unas semanas entre mi suegro y mi mujer compraron un motocultor, bien nuevecito, de estos que van con manguitos. 

El viernes le oí decir algo a mi suegro de “con dos sacos tendremos de sobras”. Eso sí, no tenía ni idea de lo que se me venía encima. Si es que a mi nadie me cuenta nada, no sea que apriete a correr…

Y eso que correr es lo que típicamente toca el sábado. El sábado empezó como otro sábado más. Corriendo a la plaza, corriendo a la piscina con la niña, corriendo a comer… pero este sábado mi mujer no estaba, había quedado con sus padres “en el huerto”. “Mira qué bien, así ellos van practicando y luego me lo cuentan. 

Qué bien, ya empezamos la transición”, pensé. No se lo dije a nadie porque estaba sólo con mi hija, y aunque yo soy de natural sincero, ya lo hemos dicho, empezar a explicarle según que cosas a un niño pequeño es arriesgarte a una avalancha de más preguntas. Y eso cuando no le raja a tu cónyuge alguna frase tuya tan inoportuna como cierta.

El caso es que después de comer (y correr para dejar la nena haciendo un paso largo, luego otro corto…) me recoge mi mujer y dice: “bueno, así puedes echarnos una mano mientras la nena acaba”. 

Yo pensaba en toda la pila de trabajo que me esperaba en el portátil (cuando más pequeño es el ordenador más trabajo cabe adentro, es increíble) y tenía migraña y, no sé, alguna otra excusa tenía para no hacer lo que tenía que hacer. Pero estaba escrito: tenía una cita con “el huerto” y era para esa tarde.

Pensaba que al llegar tendrían ya medio trabajo hecho. No sé si habían hecho la mitad o no, pero lo que me quedó para mi fue bastante entretenido. Ellos habían plantado, eso sí, todo un surco con los bulbos germinados de las cebollas.

Primero tuve que pasar el motocultor en el trozo donde íbamos a plantar. Es una máquina como una carretilla con un par de ruedas en forma de esvástica que van roturando el terreno, más hondo cuanto más la clavas.

 Lo primero que constaté es que no está pensada para un tío de mi estatura; para clavarla bien tenía que ir un poco encorvado. Se ve que los transicionistas son hombres de 1,75 de altura – así que yo debo ser pos
t-transicionista. Eso intentaba, pasar de la transición, pero, de nuevo, no coló, y ahí estuve, roturando el terreno, preparándolo para hacer los surcos de la patata. 

Mientras iba empujando el trasto (que también pesa lo suyo) se me ocurrió que no era demasiado resilente confiar en una máquina que utiliza gasolina, pero me dio la impresión de que mis puntos de vista no iban a ser muy tenidos en cuenta.

 Bien mirado, teniendo en cuenta las causas del pico del diésel consumir un poco más de gasolina tampoco está tan mal, y además la gasolina va de coña para matar avispas (a veces se mueren sólo de olerla), que allí son una plaga.

Según mi mujer, el mejor momento para plantar patatas en el Alt Empordà era ese fin de semana, primeros de Marzo. Según un padre del cole era a mediados de Febrero, y si la plantas después ya es demasiado tarde. Según mi cuñado, a mediados de Marzo y si la plantas antes es demasiado pronto.

 Según una amiga de la familia principios de Marzo está bien. Primera sorpresa: no hay una opinión clara, aunque todo el mundo tiene claro que, o lo haces como te dicen o la estás cagando de manera sublime. Y lo curioso es que todo el mundo sabe de plantar patatas, por lo menos por aquí. Para mi es curiosísimo, porque yo no tengo ni puñetera idea.

Otro tema de discrepancia fue la cuestión de si se debía plantar la patata germinada y cortada o no; incluso se polemiza sobre el número de cortes (2, 4 ó 6). Lo que sí está claro es que si plantas patatas germinadas la yema ha de estar hacia arriba, para ayudarle a la planta a formarse.

 Nosotros optamos por la estrategia del antiguo arrendatario del huerto (no me pregunten por qué), consistente en comprar patatas pequeñas y sembrarlas sin germinar. Según me contaba mi suegro mientras me enseñaba cómo abrir el surco siguiendo la guía de un cordel, el antiguo arrendatario sacaba entre 18 y 20 sacos de patatas por cada saco que plantaba.

 “Una TRE de como mucho 20″, pensé yo, pero luego caí en al cuenta de que seguramente no se debe contabilizar como patata-energía la patata-materia prima, aunque aún no lo tengo claro. La llegada de la azada a mi mano me sacó de tan absurdas reflexiones.

Cogí la tarea de abrir el surco con entusiasmo, pero a medio camino (unos 25 metros) ya empezaba a cansarme. “¿Cuántas patatas plantaremos?”, pregunté. “Sólo dos sacos de 25 Kg, para probar, para entretenernos”, dijo mi suegro. 50 kilos de patatas. 

Primera gota de sudor frío. ¡Como los multipliquemos por 20 nos sale aquí una tonelada! Suerte que como somos unos pardillos no sacaremos nada ni aproximado a esa cantidad; de otro modo me veo en un tenderete de la feria comarcal de la patata este verano…

Seguí dándole a la azada, y noté como carga brazos y piernas. No es la primera vez en mi vida que cojo una azada, pero sí que es la primera vez que le doy tanto rato. Mientras yo avanzaba ellos iban colocando las patatas, una cada 30 o 40 centímetros, para que las matas no se molesten unas a otras.

 Cuando ya están colocadas se vuelca con un par de pasos de azada la tierra por encima, unos 7 centímetros, máximo 10. Mi suegro lo resuelve con mano experta, de dos golpes cada patata; yo, al cabo de un rato, soy capaz de hacerlo de una forma apañadita. 

Me pregunto si somos conscientes de lo poco permaculturista que es nuestra manera de cultivar, pero de nuevo me temo que mis reflexiones no serán valoradas en su justa medida (o, peor aún, sí).

Tras acabar el primer surco parecía que sólo habíamos usado un tercio de uno de los dos sacos. “Aquí hay trabajo para rato”, me temí. Mala suerte, lo tendremos que acabar otro día, que ahora hay que ir a buscar a la niña. “Ya voy yo y la traigo aquí”, dice mi mujer. Efectivamente, mala suerte…

En vista de que no podía huir, me decidí al fin por el combate a fondo. Me metí con entusiasmo, sin prisas pero sin pausa, al noble arte de abrir surcos siguiendo un cordel. Me duró el entusiasmo medio surco, y el resto del surco iba tirando como podía.

 Pero al cabo de un ratito aparece mi hijita, emocionada porque va a plantar patatas, y yo no soy capaz de desilusionar a mi hija, que se piensa que su padre es el más sabio y fuerte del mundo, pobrecita. Así que me apliqué e hice otro surco más.

 Hemos acabado el primer saco de 25 kilos. Se hace de noche y quedamos para el día siguiente. Y tras una noche movidita (por otros motivos que no vienen al caso) al día siguiente, domingo, hice los tres surcos que faltaban, el último de ellos con mi hija ayudándome con la azada, es decir, que tenía que sujetarlas a ambas. Ya teníamos nuestro primer huerto, con sus 50 kilos de patatas y sus 10 kilos de cebollas.

Ya la noche del domingo caminaba en plan Robocop, de tan cargadas que tenía piernas
y brazos. Tras bañar y dar de cenar a los niños, por fin llegué a la cama, con el placer de poder confiar al colchón mis doloridos miembros. 

Estaba dejándome llevar por esa plácida sensación cuando mi mujer me dijo: “Dentro de dos semanas ya podremos plantar los tomates y después de manera escalonada las lechugas”. Es lo último que recuerdo, no sé si me quedé dormido o me desmayé directamente.

Epílogo: Este post está dedicado a las personas que se preocupan por mi futuro, porque no dedico suficiente tiempo a preparar mi transición personal. Afortunadamente hay gente cerca de mí que ya me saben enderezar.
Me voy a la punta de la nariz de Francia unos días. A la vuelta tendremos otro post analítico.
Salu2,"             (MI VIDA EN B: PLANTANDO PATATAS, 06/03/2012)