14/2/08

El repinicar con virtuosismo tocando a muerto es barato, 50 euros

“50 euros por tocar a muerto. El envejecimiento de la población ha convertido el cargo de campanero en el trabajo más codiciado de las parroquias rurales. Cada vez que hay difunto, se cobra.

En Galicia hay 3.799 parroquias y, en las rurales, cuando queda vacante el puesto de campanero, le surgen muchos novios a la cuerda. "Es un trabajo muy bueno", reconoce José Calvo Canosa, campanero de San Xián de Moraime, en Muxía. "Por tocar cada vez que hay difunto o funeral las pompas me pagan 50 euros. 50 limpios de polvo y paja, todos para el bolsillo porque eso no se declara". (…)

La remuneración del campanero depende de la familia del finado, de la aseguradora o, en la mayoría de los casos, de la empresa funeraria que domine la comarca. "En muchos sitios pagan 60 euros, aunque yo gano algo menos", comenta el tocador de Santa Cristina sin entrar en más detalles. Este dinero cada vez que toca a muerto, en una Galicia envejecida, supone el grueso de lo que ingresa por sus quehaceres parroquiales. (…)

José Pontes presume de tener un estilo propio, y el virtuosismo lo demuestra más en las misas del domingo (que vienen adosadas al puesto pero no se pagan) que en las que le dan de comer. Un funeral o un entierro no dan tanto juego como el alegre repenicar de campanas de la misa. Ahí es donde cada campanero deja su impronta, y Pontes dice que él le da un "aire de muiñeira". En cambio, cuando hay difunto de por medio, Pontes cumple con la rígida partitura que hace distingos entre sexos: "Si es hombre, dos toques en la campana gorda y uno en la pequeña; si es mujer, dos en la pequeña y uno en la gorda". Siempre dejando, eso sí, que se extinga del todo el sonido de una campana antes de tocar la siguiente. El día del óbito, se toca tres veces "entre 10 y 15 minutos", dependiendo de las ganas que le ponga a su oficio el campanero. Al día siguiente, el del sepelio, el tañedor acompañará al muerto con su música hasta el nicho. Cuando la comitiva llega al hoyo, se acaba la sesión, y con ella la jornada laboral del músico.

Estos tocadores tienen en común con los de la catedral de Santiago, la de Valencia y la Almudena que tocan campanas hechas en Arcos da Condesa (Caldas de Reis) por los Sucesores de Hermanos Ocampo, únicos fabricantes de Galicia y únicos de España que siguen fundiéndolas de manera artesanal desde que empezaron a hacerlo en 1630.” (El País, ed. Galicia, Galicia, 13/02/2008, p. 12)

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