"Puestos a abolir lo que no nos gusta, no nos quedemos en la prostitución, y hagamos lo propio con las drogas, las guerras, los robos, la violencia de género y la alopecia, que a mí me encantaría lucir pelazo a lo vivales. Abolir va más allá de prohibir, abolir es borrar de la faz de la tierra, lo cual es una intención muy bonita, eso sí, pero irrealizable.
Julio Camba viajó a Estados Unidos cuando estaba en vigor la 'ley seca', al parecer otro intento abolicionista. Y digo al parecer porque al gallego no le llevó mucho tiempo entender que de lo que se trataba era de impedir que negros y pobres se emborracharan, pero como quedaba feo decirlo así, simularon prohibirlo a todo el mundo. Los legisladores sabían que quien tuviera dinero seguiría bebiendo, así que la norma no afectaría a las clases medias, mucho menos a las altas. Como así fue.
Tal vez sea este el propósito de la abolición de la prostitución, y si no lo es, tanto da porque es lo que va a ocurrir: a los pobres se les va a terminar el ir de putas, pero el resto continuará solazándose con prostitutas, nótese el cambio de denominación dependiendo de la clase social del cliente. Si habláramos de clase alta, el nombre correcto sería 'escort'. Cualquier día nos van a abolir la ley de la gravedad para acabar así con los accidentes producto de caídas al vacío, así de listos son.
No creo que nadie esté a favor de que una mujer (o un hombre) esté obligada a prostituirse, pero hasta donde yo recuerdo, eso ya está perseguido por la ley. Ahora se trata de ir un paso más allá: de impedir alquilar una parte de su cuerpo a quien lo desee. No cualquier parte, ya que las manos se seguirán alquilando a precios irrisorios. Supongo que debido a los vestigios de nuestra moral judeocristiana, consideramos algunas partes del cuerpo indignas de ser alquiladas, mientras que las demás no importan.
No se pueden poner puertas ni al campo ni a la entrepierna, eso es sabido desde que el mundo es mundo. Ni siquiera se logró abolir la esclavitud, echen ustedes una ojeada al mundo. Además, prohibir a alguien que haga libremente con su cuerpo lo que venga en gana y al precio que disponga, equivaldría, no a abolir la esclavitud, sino a prohibir que un negro de Alabama cultivara su propio campo de algodón.
-Lo siento, está usted trabajando de sol a sol en unas condiciones infrahumanas, le prohibimos que se gane la vida. Ande y búsquese otro trabajo, esclavo, que es usted un esclavo.
Esta «abolición» me suena más a una nueva muestra de la moral pacata que
se impone ahora desde la izquierda, que a preocupación por las
condiciones de vida de las prostitutas, que ya alzan la voz porque saben
que las va a perjudicar. Recuerden la delincuencia que trajo consigo la
'ley seca', o la que va aparejada a la droga, otro éxito abolicionista.
Tanto me recuerda este Gobierno a los meapilas del franquismo, que no
me puedo resistir a contar de nuevo que en los años 60, con ocasión de
un Congreso Eucarístico que tuvo lugar en Barcelona, el gobernador civil
prohibió -abolió- la prostitución mientras durase el mismo, no sé si
como muestra de respeto o para evitar que tan egregios visitantes
cayeran en el pecado de la carne. La respuesta de las prostitutas de
Barcelona no se hizo esperar, y celebraron una manifestación reclamando
su derecho al trabajo, que culminó con el nombramiento del gobernador
como hijo predilecto del gremio." (Albert Soler, El Periódico, 10/06/22)
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