7/10/19

Reclamamos otro proceso... su enseñanza más importante ha sido descubrirnos que los catalanes también van a prisión, incluso los hay que huyen para evitarla. En Cataluña vivíamos en la creencia de que las cárceles se habían construido para ingresar charnegos, inmigrantes y gente de la más baja estofa...

"A mí me gustaría un proceso cada dos años, o sea, cada vez que finalicemos uno -como es ahora el caso-, iniciar otro. Ya sé que la mayoría de la gente, por un lado y por otro, considera que el proceso ha sido perjudicial, pero eso es porque no se ha detenido a pensar en los beneficios que hemos sacado. 

Yo mismo -aparte de la cantidad de artículos que me soluciona- gracias al proceso he conocido mucha gente interesante. Estoy hablando de decenas de personas, la mayoría contrarias al llacisme, que continuarían siendo desconocidas para mí y con las que, gracias al proceso, comparto encuentros, cervezas, comidas y, esencialmente, muchos ratos de risa. 

Risa es lo que más hace la gente no llacista cuando se junta para hablar del llacisme, no lo podemos evitar. La gente que no comulga con el llacisme es gente con sentido del humor, en contraste con los llacistes, que a la que te descuidas te salen con "de estas cosas no se puede hacer broma» o con «no están los tiempos para sarcasmos »y te sacan todas las ganas de hacer un chiste a costa de la última ocurrencia de alguno de los dos presidentes que sufrimos los catalanes, si es que no son tres cuando ustedes lean esto.

Más allá de esta rica experiencia personal, el proceso nos ha enseñado cosas a los catalanes en general. Nos ha enseñado que en el mundo real no basta con desear algo y contar hasta diez, para que suceda. El Parlamento desea que la Guardia Civil se vaya de Cataluña, y aquí sigue. Amer desea ser un municipio soberano e independiente, y no hay un solo aldeano que haya roto DNI y pasaporte, por si acaso. 

Presidentorra desea desobedecer, y retira una simple pancarta casi antes de que el juez haya terminado de escribir el requerimiento. Hemos entendido asimismo que ni manifestaciones ni lazos amarillos sacan a nadie de la prisión, y pronto entenderemos que tampoco influyen en las sentencias. 

Los catalanes hemos sido siempre un pueblo de deseos magníficos, si por nosotros fuera, el cambio climático ya se habría solucionado, el hambre en el mundo sería un mal recuerdo, y la Republiqueta sería la Dinamarca del sur. Ha tenido que venir el proceso a recordarnos que los trenes de los deseos van al contrario de la realidad.

Una de las mayores sorpresas ha sido descubrir que la policía golpea, incluso llegado el caso tira puertas al suelo. Los catalanes estábamos convencidos de que los agentes piden: «Por favor abra la puerta, por favor deje pasar, por favor déme esta urna», por favor, por favor, por favor. Creíamos que no llevan porras sino palos de majorette, para luego desfilar todos juntos, detenidos y policías, hacia comisaría bajo una lluvia de confeti. Nos hemos hecho adultos, nos ha costado siglos y bofetadas, pero nos hemos hecho adultos.

Sin embargo, la enseñanza más importante del proceso ha sido descubrirnos que los catalanes también van a prisión, incluso los hay que huyen para evitarla. En Cataluña vivíamos en la creencia de que las cárceles se habían construido para ingresar charnegos, inmigrantes y gente de la más baja estofa, individuos que nos molestan a la vista y los ollares. O sea, el lumpen. Y seguramente es cierto, pero ahora hemos sabido que el lumpen también puede ser catalán.

¿Que la economía se resiente, que hay gente en la cárcel, que se recibieron varias palos, que empieza a haber grupos violentos y que la Rahola no calla? Esto no es nada, comparado con lo que hemos reído y lo que hemos aprendido. Reclamamos otro proceso."                        (Albert Soler, Diari de Girona, 04/10/19 , traducción google)

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