8/2/23

Albert Soler: Tiene gracia que en el país que creó la picaresca, donde la costumbre es inventar una excusa para acogerse a la baja laboral, haya un tipo que quiere trabajar y su empresa no se lo permita, acusándole de estar enfermo... Claro que en el Real Madrid manda Florentino Pérez, y si Florentino considera que alguien está enfermo, está enfermo y no se hable más, qué sabrán los médicos...

 "Tiene gracia que en el país que creó la picaresca, donde la costumbre es inventar una excusa para acogerse a la baja laboral, haya un tipo que quiere trabajar y su empresa no se lo permita, acusándole de estar enfermo . 

Pablo Laso, que fue base del Casademont Girona entre 1999 y 2002, es una excepción en el panorama laboral español, él asegura estar sano como una rosa y recuperado del infarto, y los médicos corroboran esta afirmación, pero el Real Madrid le manda guardar cama y le impide entrenar al equipo de baloncesto. 

Claro que en el Real Madrid manda Florentino Pérez, y si Florentino considera que alguien está enfermo, está enfermo y no se hable más, qué sabrán los médicos. 

-Pero yo me siento bien, y el doctor dice que puedo seguir entrenando, señor Florentino. 

-Pues yo te veo mala cara, así que te tomarás esas pastillas que te recetaré y te acostarás hasta que yo te diga. Recoge tus cosas. Y al salir entrega tu acreditación y el chándal a mi secretaria. 

Podría pensarse que el Real Madrid es tan prudente con la salud de sus deportistas que prefiere despedirles a ponerles en riesgo. Su propio himno habla de las jóvenes madrileñas que van alegres y risueñas cuando juega su Madrid, en lo que constituye un signo de buena salud de estas señoritas -ningún enfermo va alegre y risueño a ninguna parte-, pero nótese que en ningún momento la letra hace referencia a entrenadores alegres y risueños, lo que concede poder al presidente para decidir si están sanos. 

Siempre, claro, que este presidente se llame Florentino, que a sus muchos saberes suma los de medicina cardiovascular. En realidad, se ha sabido que el máximo directivo de la sección de baloncesto, Juan Carlos Sánchez, y Pablo Laso, no pueden ni verse, o sea que bienvenido sea un infarto si sirve para quitarse de encima a un entrenador molesto. 

Si Laso no hubiera sufrido un infarto, se habrían acogido a un resfriado, una conjuntivitis o la alopecia que sin duda está afectando al entrenador y le incapacita para dirigir a un equipo de jóvenes con el pelo intacto. Lo que estaba claro era que el técnico con más partidos dirigidos -por delante del mítico Lolo Sáinz que, hay que reconocerlo, siempre lució buena melena-, y que en once años ha logrado 22 títulos para la sección, incluidas dos Euroligas , no se le podía despedir por motivos deportivos, por más ganas que los tuvieran. 

-Pablo, tienes mal aspecto. ¿Te encuentras bien? -Perfectamente, ya me ve, celebrando un nuevo título, don Florent… 

 -A mí no me repliques, si te veo mal aspecto es que tienes mal aspecto. Esto será el corazón. Aquí no puedes seguir, en el Madrid sólo admitimos a gente sana.

 Los jefes del deporte no tienen corazón, esto les inhabilitaría para el cargo. Paradójicamente, lo saben todo de cardiopatías, taquicardias, infartos, anginas de pecho y otras palabras raras que no saben qué son ni dónde se producen, pero usted está enfermo porque lo digo yo. 

 Los desacuerdos de Laso con la directiva tienen su origen en el despido de entrenadores canteranos y en fichajes realizados contra el criterio del técnico, cuando éste debería tener siempre presente con el tiempo que hace en el Madrid, que en los despachos no solo saben más que los médicos, sino que también saben de baloncesto más que los profesionales. 

No gustó tampoco que en una final liguera contra el Barça, Laso se presentara al partido decisivo en silla de ruedas por haberse roto un tendón. Quien representa al Madrid no debe dejarse ver postrado en una silla de ruedas, la única silla adecuada para un entrenador es un palanquín llevado por subordinados, un trono en caso del presidente. Una silla de ruedas ensucia el prestigio de la entidad. 

 Cuando un club hace público un comunicado anunciando que su entrenador no seguirá en el equipo por motivos de salud, en lugar de ser éste quien lo anuncia como sería lo normal, en realidad está diciendo que le echa. Aunque Laso sabía que ya era un ex entrenador desde que despidieron al médico de la sección, por negarse a firmar su baja laboral. 

 -En mi opinión, Laso está capacitado para seguir entrenando al equipo, señor Florentino. 

- Ah, ¿que cree usted saber más que yo de medicina? En la calle, por impertinente. 

Sostenía Julio Camba, tan madrileño como solo puede serlo un gallego, que hay canallas rubios, morenos, perros y calvos, incluso con peluca y el pelo teñido, pero que quizás los peores sean los que lucen barba blanca, como Pablo Laso. «¡Qué infamias las que pueden hacerse impunemente con una barba muy blanca!», advertía el escritor. 

He aquí una razón de peso para echar a Laso, de mucho más peso al menos que la de insistirle en que está enfermo. Aunque para esgrimirla es necesario haber leído, y eso lo tienen los dirigentes deportivos tan prohibidos como disponer de corazón."         (Albert Soler, Diari de Girona, 27/05/22)

No hay comentarios: